Todo comenzó con mi tata Nelson, quien llegó siendo niño a Santiago junto a su mamá y su hermana. Desde muy chico fue aperrado: cerca de los seis años trabajaba cargando frutas y verduras en La Vega.
Su primer par de zapatos lo tuvo recién a los doce o trece años. Lo curioso es que, años después, terminaría dedicando gran parte de su vida justamente a fabricarlos.

Ahí aprendió todo el oficio: cortar, coser, armar y transformar un pedazo de cuero en un buen par de zapatos.
Era inquieto, trabajador y tenía unas ganas enormes de aprender. Con el tiempo llegó a ser jefe de la fábrica.
Y fue ahí donde también conoció a mi abuela, que trabajaba en el área de envasado. Entre cajas, zapatos y largas jornadas de trabajo comenzó también la historia de nuestra familia.

mi tata Nelson perdió el trabajo al que había dedicado gran parte de su vida.Pero cuando la empresa cerró sus puertas, no bajó los brazos. En lugar de rendirse, armó su propio taller en el patio de la casa de mi bisabuela, la abuelita Guille.
fabricar productos de calidad con sus propias manos. Ese pequeño taller fue el inicio de un legado familiar que hoy seguimos honrando en Gio Cueros.

Era un taller sencillo, pero siempre estaba lleno de cuero, herramientas, olor a pegamento y conversaciones que podían durar horas.
Desde ahí fabricó zapatos para vecinos, amigos y conocidos. También trabajó para la Mutual, el Hospital de Carabineros, Gendarmería e incluso para artistas de la cumbia chilena, como Pachuco y la Cubanacán.
Nuestra familia creció entre máquinas, moldes y zapatos repartidos por toda la casa. Para nosotros era normal. Recién con los años entendimos el tremendo oficio que había detrás de todo eso.
Mi tata Nelson falleció el 13 de noviembre de 2021, pero nunca dejó de acompañarnos.
Gio Cueros nació, en gran parte, para rendir homenaje a su historia, a sus manos y a todos los años que dedicó al cuero.
Y con el tiempo nos dimos cuenta de que ese legado no vive solo en los recuerdos. También sigue vivo en las personas con quienes trabajamos todos los días.

Hoy colaboramos con tres talleres familiares que llevan décadas dedicados al cuero. Don Patricio, en Pudahuel, y don Luis, en Puente Alto, se conocieron cuando trabajaban en las fábricas de Gucci, en la época en que la marca fabricaba en Chile. Desde entonces han compartido una amistad y una vida entera ligada a este oficio.
Eso es justamente lo que más nos gusta de hacer las cosas en Chile:
detrás de cada producto hay personas con historias, familias que llevan generaciones trabajando el cuero y un conocimiento que no se aprende en un libro, sino con los años y con las manos.
Y mientras esta historia seguía escribiéndose, nuestra familia también crecía.
El 13 de noviembre de 2025 nació mi hijo, Facundo. Justo cuatro años después de la partida de mi tata.
No creemos que las personas vuelvan ni que las fechas tengan magia. Pero esa coincidencia nos emociona hasta hoy, porque donde antes había una despedida, apareció una nueva vida.
Nos gusta pensar que fue una manera de recordarnos que los legados nunca terminan. Cambian de forma, pasan de unas manos a otras y siguen creciendo.

Hoy, cuando miro a Facundo, sueño con que algún día pueda conocer esta historia, entender de dónde viene Gio Cueros y sentirse orgulloso de las personas que hicieron posible este camino.
Porque el legado de mi tata no está solo en el cuero.
Está en la forma de trabajar, en el respeto por el oficio, en valorar a las personas que hay detrás de cada producto y en las ganas de hacer las cosas bien, aunque tomen más tiempo.
Diseñamos accesorios de cuero hechos en Chile para acompañar a las personas durante muchos años. Nos gusta crear productos lindos, funcionales y duraderos, pero también nos importa que detrás de cada uno exista una historia que valga la pena contar.
Seguimos trabajando junto a talleres y artesanos nacionales porque creemos que este oficio merece seguir vivo y que quienes han dedicado su vida a él también merecen ser reconocidos.
Todavía nos queda muchísimo por aprender, crear y soñar.
Pero hay algo que nunca queremos perder: el respeto por este oficio, el amor por nuestra familia y el compromiso de hacer las cosas con dedicación.